La primavera es como cuando abres la ventana después de meses y dices: "vale, ya está, ya tocaba". De repente hay más luz, menos drama y más ganas de salir a que te dé el aire en la cara. Y eso, aunque parezca una tontería, a la cabeza le viene de lujo.
Porque la salud mental no siempre necesita grandes discursos; a veces necesita sol, paseo y una buena playlist. Es ponerte Here Comes the Sun de The Beatles (sí, del disco Abbey Road) y notar que algo dentro de ti hace clic. Como si George Harrison supiera exactamente cómo te sientes cuando por fin asoma un rayo después del invierno emocional.
Y luego están esos días en los que necesitas energía pura. Ahí entran The Rolling Stones con un chute de actitud. Te pones algo de Exile on Main St. y sales a la calle con otra postura. No has solucionado tu vida, pero caminas como si sí. Y oye, eso ya suma puntos.
La primavera es eso: pequeñas cosas que te recolocan. Quedar con una amiga al sol, reírte sin motivo, tomarte un café en terraza, escuchar un disco entero sin saltar canciones. No hace falta estar eufórica; basta con sentir que hoy todo pesa un poco menos que ayer.
Al final, la felicidad primaveral no es un fuegos artificiales. Es más bien un estribillo pegadizo que te acompaña todo el día. Y si encima suena a Beatles o a Rolling, pues mejor que mejor.

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