Cada Día Internacional de la Mujer vuelvo a pensar en lo mismo: en todas las mujeres que vinieron antes que nosotras.
En las que tuvieron que levantar la voz cuando nadie quería escuchar. En las que lucharon por cosas que hoy parecen normales: poder estudiar, trabajar, decidir sobre su propia vida. Derechos que ahora damos por hechos, pero que durante mucho tiempo fueron una batalla.
A veces olvidamos que cada paso que hoy damos con naturalidad alguien tuvo que pelearlo primero. Y muchas de esas mujeres ni siquiera vieron los frutos de su lucha.
El 8 de marzo no es solo una fecha en el calendario. Es una memoria colectiva. Un recordatorio de que la igualdad no aparece sola, se construye poco a poco, generación tras generación.
Por eso este día también es para mirar alrededor: para reconocer a las mujeres que tenemos cerca, las que sostienen, las que luchan en silencio, las que siguen empujando para que el mundo sea un lugar un poco más justo.
Y también para no olvidar que todavía queda camino

No hay comentarios:
Publicar un comentario